Dios nos llama a ser hacedores de La Palabra y no tan solamente oidores (Santiago 1:22). El creyente que se vuelve un oidor olvidadizo solamente se engaña a sí mismo, no verá en su vida las promesas que espera, ni será transformado en un testimonio firme de Cristo. El creyente que da pasos de fe en obediencia a La Palabra de Dios podrá apropiar Sus promesas y ver su vida transformada para la gloria de Dios.