A lo largo de las escrituras encontramos mujeres que Dios usó en su plan eterno; a través de las cuales nos muestra las virtudes que, por medio de su Espíritu, él mismo les dio, Santiago 1:17.
Estas virtudes que Dios ha entregado a las madres realmente son parte del diseño de Dios. Por medio de la plenitud de Cristo en la vida de una mujer, Dios nos enseña su gracia y su amor. Veamos algunos de estos ejemplos.
Jocabeb, valentía por fe
Éxodo 2:1-10.
Jocabed (Jehová es gloria), no temió el decreto del rey, Hebreos 11:23. Junto con Amram, su esposo, Jocabed tuvo la valentía de vivir conforme al temor de Dios. Sin duda esta valentía fue el resultado del amor que Dios le dio hacia su hijo y la confianza plena en el cuidado de Dios, Éxodo 2:2; Hechos 7:20.
La vida de Jocabed y la de su familia corría peligro. Moisés nació justo en el tiempo en que la cruel ley sobra los hijos varones de los israelitas había entrado en vigor. Éxodo 2:3, nos recuerda la “famosa” historia de Moisés. ¿Quién sino su madre tendría el cuidado de hacer una arquilla perfecta? El amor fue lo que movió su corazón y decidió confiar su hijo en el cuidado de Dios, Hebreos 13:6; Salmos 56:4.
No podemos imaginar el gozo que Jocabed sintió al ser llamada por María y venir delante de la hija de Faraón, Éxodo 2:8-9. Maravillosa recompensa del Señor a una vida de fe.
Ana, fortaleza en la oración
1Samuel 1:1-2:11
Ana (gracia o favorecida), vivía circunstancias difíciles en su matrimonio debido al decaimiento moral que llevó a la poligamia. Ana era amada de forma especial, y esto hacia que su rival la odiara. Debido a que Ana no tenía hijo, su corazón estaba angustiado en extremo, 1Samuel 1:8. Este dolor de su corazón la llevó a refugiarse en el Señor, 1Samuel 1:9-10. ¡Cuántas madres piadosas no ha derramado su corazón delante de Dios en oración! Ana abrió su corazón al Señor, ella acudió al trono de misericordia, Salmos 89:7; Hebreos 4:16.
¿A quién más podemos derramar nuestros secretos, sino a Aquel que es poderoso para ayudarnos y está siempre dispuesto a escucharnos? Salmos 34:1-4; Salmos 18:1-7.
Ana derramó su alma delante de Jehová, 1Samuel 1:15, mostrando, así como su refugio era el Señor. El descanso que Ana obtuvo después de la oración es un magnifico ejemplo para nosotros, Filipenses 4:6-7.
Ana, fortalecida por la fidelidad de Dios, dedicó a su hijo al Señor, 1Samuel 1:26-28. No podemos comprender como podría ella vivir en paz, más que entendiendo que su refugio y confianza era el Señor, Salmo 18:2.
Loida y Eunice, Una fe genuina
2Timoteo 1:3-5.
Pablo escribe a Timoteo recordando lo que Dios le ha concedido una herencia piadosa. Sabemos que el padre de Timoteo ere griego, Hechos 16:1; sin embargo, como leemos en el pasaje de 2Timoteo 1:5, vemos que su abuela y su madre eran creyentes.
Es claro que la gracia no es heredada, esta se apropia por fe de forma personal; pero que maravilloso es tener una madre piadosa que moldea la vida cristiana. Una de las cosas que Pablo menciona, es que la fe de Timoteo, al igual que la de su madre y abuela, era “no fingida”, es decir, genuina.
El lugar indicado para una fe genuina es el hogar. El testimonio de estas dos mujeres era conocido no solo por Timoteo, evidentemente también por Pablo, quien a su vez menciona su linaje piadoso, 2Timoteo 1:3, Hechos 24:14.
Una de las cosas más importantes que la fe genuina de Eunice sembró en Timoteo fue la Palabra de Dios, 2Timoteo 3:15. Esta fe, y este amor por la Palabra, no pueden ser otra cosa en nuestras vidas, sino el fruto del Espíritu. Es el fruto del amor del Señor el que nos llevará a amar su Palabra y por lo tanto a vivirla, Juan 14:21.
Si existe hoy una necesidad entre los niños y jóvenes, es precisamente el ejemplo de una fe no fingida, un genuino interés por la Palabra y un amor real a Jesucristo.
Una mujer virtuosa, llena del Espíritu
Proverbios 31:10-31
Esta descripción es un ejemplo a seguir en Cristo. Su valor es incalculable, vs. 10.
Sin duda la descripción que Dios nos deja de una mujer “virtuosa”, fuerte como un ejército, puede solo ser el resultado de una mujer llena del Espíritu de Dios.
Ella es fiel, es decir confiable. Posee fidelidad que hace que su marido pueda confiar en ella, vs. 11.
Ella es bondadosa, actúa en favor de los demás y les sirve de una manera correcta, vs. 12.
Ella es benigna, posee ese amor en acción que le caracteriza, vs. 15, 20.
La mujer que es hermosa a los ojos de Dios es aquella que sirve en humildad (sin hacer alarde de su servicio) y que da todo para la Gloria de Dios, una mujer que ha elegido amar a Cristo, vivir para él y dar fruto para Él. Al final del camino vendrá la recompensa: Denle del fruto de sus manos, la cosecha de toda una vida de entrega a Cristo y de su amor.
A todas las mamás: nuestro mayor anhelo es que sus vidas estén llenas del amor de Jesús y que su entrega se vea expresada en una hermosa vida a los ojos de Dios.
Feliz día de la madre
